Un museo huérfano

Columna de Xosé Ballesteros
Editor, escritor y especialista en literatura infantil

Este es un año en el que se agolpan los nombres de importantes figuras de la cultura que nos han dejado: Juan Gelman, José Emilio Pacheco, Gabriel García Márquez, Ana María Matute… Quedan sus nombres en nuestra memoria por derecho propio. Pero hay otros nombres menos conocidos porque les ha tocado vivir en un plano más discreto, al margen de los focos mediáticos y de la atención del público, que desaparecen dejando un leve rastro tras de sí. Por suerte, a algunos los podremos seguir recordando porque su obra, que muchas veces ni siquiera lleva su propia firma, se mantendrá viva en cualquier lugar del mundo.

Es el caso de Carlos Pérez, pedagogo, experto en arte y vanguardias, productor de cultura y escritor casi desconocido, que nos dejó el 25 de diciembre del 2013 a la edad de 66 años. “Cuando comencé a interesarme por el arte, ya hace muchos años, en Valencia, las posibilidades eran casi inexistentes… Además, los funcionarios culturales del franquismo mantenían su presencia”.

En el 2004, Román de la Calle, que entonces era director del Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad, MuVIM, contrató a Carlos Pérez como responsable de las exposiciones. En pocos años, esta institución dejó de ser el museo provincial dedicado a la “Ilustración” como época histórica y se convirtió en un centro de producción creativa y referencia en España como museo de las vanguardias. La fotografía, el arte gráfico, el cómic, el libro ilustrado para público infantil, entraron en el MuVIM de la mano de Carlos Pérez y se materializaron en exposiciones memorables: la de Torres García y sus juguetes de vanguardia, la de 17 libros para niños ilustrados, la retrospectiva Miguel Calatayud: ilustraciones 1970-2010, la Panóptica de Max, la inolvidable muestra Kipling Ilustrado y la antológica Llibres per a la infància 1920-1940.

La literatura para la infancia –afirmaba Carlos Pérez– fue subvertida por las vanguardias, que sustituyeron a las brujas por temas propios de la época como “la igualdad del hombre y los medios de producción”. La revolución –añadía– llegó de Rusia y estuvo pegada al constructivismo. Sus mejores ilustradores, sin embargo, como Alexandra Exter y Nathalie Parain, acabaron exiliados en París, donde coincidieron con otros artistas seguidores del cubismo y del surrealismo.

En el año 2010 tuvimos la enorme fortuna de recibir una invitación de Carlos Pérez: se trataba de publicar un libro de gran formato que se convirtiese en el catálogo de una exposición, Kipling Ilustrado, que él deseaba desarrollar para el MuVIM desde hacía tiempo.

Consensuamos siete cuentos que debían ser “iluminados” por siete grandes ilustradores. Trabajar con Carlos fue sencillo porque él conocía toda la obra de Kipling, y también fue sencillo acordar los artistas invitados al proyecto. Con Paco Giménez como coordinador, se fue armando una obra a la que se sumaron Ajubel, Pablo Amargo, Isidro Ferrer, Pep Montserrat, Pablo Auladell, Arnal Ballester y el propio Paco Giménez. La traducción de Gabriela Bustelo y los artículos introductorios de Lola Pascual y Teresa Durán convirtieron este libro ideado por Carlos Pérez en un Kipling imprescindible. Tal vez por ello la obra fue distinguida con el Premio al Libro Mejor Editado que otorga el Ministerio de Cultura de España.

Pero además de impulsor de proyectos, Carlos Pérez era un divertido escritor, aunque no se prodigase. Se publicó su última obra a finales del 2013, Buffalo Bill Romance (Editorial Media Vaca), y quedó sin acabar un proyecto sobre Edward Lear.

Un buen día, de la mano de su amigo Miguel Calatayud, Carlos Pérez nos ofreció publicar en Kalandraka una obra que ambos guardaban desde hacía tiempo. Se trataba de Kembo. Incidente en la pista del Circo Medrano: la historia de un peculiar león africano, juguetón, pacífico y vegetariano, que se convierte en víctima de un cazador europeo y es enviado a un circo de París. El texto, deliciosamente irónico, dio pie a unas asombrosas ilustraciones en acuarela con la selva y el mundo circense como paisajes protagonistas. La obra fue seleccionada para la Lista de Honor IBBY en el 2012.

Durante el último año de su vida, Carlos Pérez, cansado de las injerencias políticas en su trabajo, y supongo que hastiado del ambiente de corrupción instalado en su ciudad, llegó a declarar: “Resulta muy evidente que Valencia ha recuperado la capitalidad de la Tierra de la Modernidad Imposible. Esperemos que no ostente ese título durante muchos años”.

El MuVIM de Valencia está hoy más huérfano que nunca.