El futuro del arte

Por Juan José Santos
Crítico de arte y curador
www.juanjosantos.com

Acosta

Ilustración de Alejandra Acosta
https://www.facebook.com/gremlinsaleacosta
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“El arte contemporáneo a veces (muchas) no lo entienden ni los adultos. Así que imagínate un niño”. Esta afirmación está escrita sobre piedra por muchos directores de museos y de galerías de todo el mundo. Por tres motivos: primero, para eliminar un quebradero de cabeza (¿cómo proponer exposiciones que puedan ser disfrutadas por niños?); segundo, porque los niños no son consumidores (ni de arte ni de lo que se vende en la tienda del museo); y tercero, porque se dedican a correr y a jugar en lugar de emocionarse frente a un cuadro de Rothko…

Deberían repensar su política, ya que la misión de los museos es, fundamentalmente, educar. Pero no solo por este motivo. Introducir, poco a poco y de forma tangencial, al público infantil en el arte contemporáneo provocaría una inversión en la frase inicial: si a los adultos que a veces (muchas) no entienden el arte contemporáneo les hubieran acercado algunos conceptos desde niños, seguro que ahora sería más sencillo que lo entendieran. Lo siento por los directores de museos que escribieron sobre piedra.

Los esfuerzos no han de ser dirigidos a intentar que un niño capte la esencia de un Rothko. No lo va a conseguir. El objetivo es fusionar lo lúdico con el arte, de forma gradual y secundaria, para que el niño aprenda a no temer al museo, y a que el arte puede ser entretenido. Luego, muchos de ellos descubrirán que además puede ser interesante. Conseguiremos que finalmente comprendan el valor del arte en su vida: cómo a través de las creaciones de los artistas pueden entender el mundo desde otra perspectiva, mirar con otra mirada, superar traumas colectivos, reflexionar, emocionarse o, simplemente, divertirse.

Observo con nostalgia imágenes de exposiciones de los años sesenta en museos en los que se tenía en cuenta al público infantil. Directores como Pontus Hultén o Walter Hopps consideraban actividades para niños, e incluso exposiciones en las que podían disfrutar grandes y pequeños. Esas iniciativas, por los motivos antes señalados, ya no se dan, salvo en admirables excepciones, como Palle Nielsen: The Model – A Model for a Qualitative Society, que tuvo lugar en 1968 en el Moderna Museet de Estocolmo, y se repitió recientemente en la Tate Liverpool de Inglaterra. Una exposición para niños: junglas de cojines, puentes de cuerdas, carnavales, grandes murales donde podían pintar… Ideas para convertir al museo en una revolución a pequeña escala (y estatura).

Obviamente, transformar una pinacoteca en guardería no debe ser la norma. Este tipo de exposiciones se podrían considerar de forma anual y con una temporalidad corta. Por ejemplo, una exposición al año dedicada a los niños, con una duración de un mes. Actualmente casi ningún museo del mundo mantiene esta oferta en su calendario. A lo sumo, se contentan con organizar talleres infantiles paralelos a grandes exposiciones, con ponerlos a dibujar imitaciones de cuadros famosos. ¿Por qué hemos perdido creatividad?

Las soluciones, y este parece ser el sino al que estamos condenados en el actual siglo (a todos los niveles), provienen de fuera de la institución. Eder Castillo es un artista mexicano que creó el “Guggensito”, una recreación precaria e inflable del Museo Guggenheim, que sitúa en barrios en desarrollo. Los niños pueden entrar, dibujar en el hinchable, saltar… y participar en talleres paralelos de manualidades. Son obras de arte contemporáneo que funcionan a dos velocidades: para adultos –reflexionan así acerca del fenómeno Guggenheim en un país (México) en el que estuvo a punto de recalar, en Guadalajara, un Guggenheim por millones de dólares– y para niños, quienes son, en definitiva, el futuro del arte.