Patrimonio y literatura infantil: la experiencia de Amanuta

En sus más de 10 años dedicada a crear libros para niños y jóvenes, la editorial Amanuta ha contribuido a difundir y rescatar el patrimonio cultural con una oferta literaria que incluye temáticas históricas, relatos de pueblos originarios y la puesta en valor de nuestros bienes naturales. Una de sus fundadoras, Ana María Pavez, explica en la Revista HUV qué los motivó a tomar ese camino con tanta convicción.

Por Ana María Pavez
Directora de Editorial Amanuta

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Ilustración de Karina Cocq     
www.monitologia.blogspot.com

Mucho se habla de la globalización y de sus efectos positivos y negativos, pero en realidad no sabemos cuál va a ser su impacto en los niños del siglo XXI. Sí podemos afirmar que ellos están cada día más conectados: a través de la televisión, de internet y de la penetración de los medios de comunicación masivos. Producto de esto, cada vez están menos relacionados con su pasado, su tradición, su cultura, con su sentido de pertenencia, de identidad y de memoria. Si los niños no conocen y respetan a los pueblos originarios, ¿cómo vamos a vivir en armonía con las comunidades indígenas? Si no los educamos sobre el respeto del medio ambiente, los edificios históricos y los espacios públicos, ¿cómo vamos a pedirles que cuando sean adultos no destruyan el patrimonio material y natural que nos rodea?

Aunque la globalización es un fenómeno mundial, hay países como Francia, Inglaterra y Alemania, que ponen especial dedicación en la educación de los niños en temas patrimoniales, de identidad y de historia propia. Basta con recorrer los museos de estos países para encontrarse con pequeños de todas las edades sentados en el suelo, dibujando o escuchando con atención a un guía. O visitar librerías con estantes llenos de libros infantiles, muchos con temas patrimoniales e históricos, y niños leyendo y disfrutando con ellos.

Pero este fenómeno no se ve con tanta frecuencia en Latinoamérica. En el caso específico de Chile, somos un país donde el uso de la tecnología crece aceleradamente. Las cifras que hablan de conectividad y tecnología nos dejan muy bien posicionados, pero cuando entramos a ver los índices de lectura o de cultura, no sacamos cuentas tan alegres.

Un país que se desarrolla tan rápidamente en aspectos como el tecnológico, pero que no tiene una base sólida en la valoración de su patrimonio y su sentido de pertenencia e identidad, corre graves peligros. Y estas amenazas están focalizadas principalmente en los niños. Son ellos los que están creciendo cada vez más desvinculados de su pasado, sin saber dónde viven, sin conocer su medio ambiente, sin visitar lugares que tienen historia y tradición, sin saber quiénes han habitado este territorio.

Por esto creemos que en una sociedad amenazada por la globalización se hace fundamental que los niños, desde muy pequeños, conozcan y valoren su patrimonio cultural y natural, para que así vayan formando su identidad.

El nacimiento de Amanuta

Hacia el año 2000 en Chile existían pocas publicaciones infantiles que tocaran temas de historia, patrimonio y cultura en formatos atractivos, con diseños e ilustraciones llamativas. Esta simple observación, sin ningún estudio más profundo, nos hizo plantearnos la necesidad de crear libros para niños chilenos y de toda Latinoamérica. Era necesario contar con una industria editorial propia que incorporara la publicación de libros ilustrados de autores nacionales y latinoamericanos, donde nuestros niños y jóvenes se vieran reflejados y donde encontraran elementos comunes de su identidad. Libros que relacionaran a los niños con su cultura, su historia y su pasado.

Amanuta nació con el propósito de dar respuesta a esa inquietud. A través de relatos entretenidos e ilustraciones modernas, la editorial ha creado libros ilustrados que buscan encantar a los niños combinando tradición y contemporaneidad, herencia y nuevas experiencias. Desde el comienzo nos interesó hacer libros que no se asociaran a los currículums y textos escolares, sino títulos atractivos que incentivaran a los lectores infantiles a disfrutarlos en sus casas y en sus momentos de ocio.

Iniciamos la editorial con una serie de mitos, tradiciones, leyendas y relatos de pueblos originarios de América del Sur. La estructura de nuestros mitos y leyendas resultaba adecuada para realizar libros infantiles ilustrados, por lo que su publicación fue un proceso bastante fluido. Tomamos historias que creímos apropiadas para niños y que, desde nuestra óptica, contribuían a despertar en ellos la noción de identidad cultural y el conocimiento de los pueblos que habitaron el territorio americano. A través de estos libros, los lectores pueden además conocer parte del patrimonio natural que los rodea y la manera en que los antiguos habitantes de este lado del mundo vivían en armonía con los animales, los árboles, las flores y las aves.

Luego emprendimos otro desafío: hacer libros de historia para niños. Este proceso fue más complejo, ya que la historia generalmente se asocia con el colegio, con la memorización de hechos, fechas y lugares y, en general, con temas aburridos. Nos interesaba crear una colección atractiva, que rompiera con esos conceptos, y así nació Mi Historia. Cada libro, escrito por un historiador o un experto, narra la biografía de un personaje destacado y combina hechos relevantes y públicos de su vida con aspectos más íntimos y cotidianos. También hemos incluido en estas obras temas difíciles de tratar, como la muerte y el suicidio.

En Mi Historia las ilustraciones cumplen un rol fundamental: no son solo un complemento decorativo, sino otra forma de entregar contenidos visuales. Por esto la selección de los ilustradores ha sido difícil, ya que las imágenes necesitan de mucha documentación y tienen que ser muy rigurosas. De hecho, cada uno de los títulos de esta colección –que incluye las biografías de Diego de Almagro, Cristóbal Colón, Gabriela Mistral, Charles Darwin, Lautaro, Jemmy Button, Violeta Parra, Pedro de Valdivia y Francis Drake, entre otros– nos ha tomado dos o tres años de trabajo.

Amanuta también editó Sabores de América, una iniciativa que surgió para dar a conocer los alimentos originarios del continente. La publicación contiene recetas fáciles y fomenta que los niños cocinen con estos ingredientes, mientras aprenden sobre su historia. Así, por ejemplo, pueden saber que el chocolate, en los tiempos precolombinos, era usado como bebida y como moneda; que el ají o chile se usaba como castigo a los niños; o que los aztecas comían chicle y tenían reglas de educación sobre cómo y cuándo masticarlo.

¿Quién lee libros de historia?

Desde la creación de Amanuta hasta la fecha, hemos visto que los niños de Chile aprecian nuestros libros: se han encariñado con los protagonistas, han conocido los animales que viven en nuestro territorio, han aprendido sobre las culturas originarias de América y han descubierto a distintos personajes de la historia y sus aventuras. Todo esto a través de la literatura infantil, literatura portadora de nuestro patrimonio inmaterial.

Durante el 2009, año en que se celebró el bicentenario del nacimiento de Charles Darwin, realizamos visitas a más de 20 escuelas, donde pudimos ver cómo los niños se fascinaban con Darwin, con el viaje que hizo durante 5 años y su paso por el sur de Chile, la Patagonia Argentina y las Islas Galápagos. A través del libro conocían a un personaje universal y se identificaban con él por su curiosidad científica y su relación con el medio ambiente natural de Chile y América del Sur.

Pero no solo los niños han disfrutado. Son muchos los adultos que se impresionan con las vidas de Gabriela Mistral o de Jemmy Button, o con los mitos y leyendas que no tuvieron oportunidad de conocer cuando niños. También hemos visto cómo los contenidos de estos libros han sido llevados a otros soportes: obras de teatro, animaciones, juegos o cuentacuentos.

Pero todavía el desafío sigue siendo grande: llegar cada día a más niños y niñas, lograr que con nuestros libros se formen nuevos lectores y se desarrollen nuevos vínculos. Creemos que la única forma de preservar nuestro patrimonio es, en primer lugar, conocerlo, para luego valorarlo y respetarlo.