Marcelo Escobar: chileno hasta los huesos

Rescate, patrimonio e identidad son tres conceptos que se repiten con frecuencia en el discurso del autor e ilustrador Marcelo Escobar. “Me gusta la idea del rescate patrimonial, transmitir a los jóvenes el amor por lo vernáculo, afianzar las raíces y crear una estética completamente chilena”, asegura. Y basta con ver su trabajo para comprobar que definitivamente no se queda en palabras.

Por Bernardita Cruz M.
Editora Revista HUV

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www.marceloescobarm.blogspot.com

Aunque han pasado más de 30 años, Marcelo Escobar recuerda perfectamente el día en que vio por primera vez, en una biblioteca pública, el Bestiario del Reyno de Chile de Lukas. Ya dibujaba y copiaba las caras de los personajes de Condorito y los caballos de Érase una vez el hombre, pero asegura que ese libro, que sigue considerando una obra maestra, cambió su manera de ver el dibujo. Tiempo después, volvería a sorprenderse al descubrir el suplemento de humor de la revista Hoy. Admiró de inmediato a ese grupo de irreverentes, sin saber que venían riéndose del miedo desde finales de los 60. Ahí estaban Hervi, Palomo, Themo Lobos, Eduardo de la Barra, Guillo, Bartolo y el enigmático Gato.

Ambos recuerdos no son simples anécdotas para Escobar: hoy, convertido en un destacado autor e ilustrador, confiesa que su principal motivación es justamente “reconstruir una gráfica con sentido nacional, recuperar y levantar como estandarte un trabajo hecho en Chile, pero sensible para todo el mundo”.

En Ilustración a la Chilena, el especialista Claudio Aguilera explica que Marcelo “es parte de esta generación de artistas interesados en recuperar la visualidad vernácula, potenciando la fuerza de su sencillez a través de las herramientas digitales” y define su obra como “directa, con un grafismo depurado y versátil”.

En el mismo libro, Aguilera dice que tu estilo es, según tus propias palabras, “post chilensis”. ¿En qué consiste ese concepto?

Es un término que contiene reminiscencias de algo que perdimos, un período dorado en la visualidad nacional. Me interesa explorar y dar nueva vida a una tradición gráfica un poco abandonada, donde “lo chileno” se ha convertido en algo anodino y se prefieren explorar estéticas japonesas o europeas. En ese sentido, mis referencias siguen siendo la simplicidad en el grafismo de la Lira Popular, los escenarios y temáticas de Condorito y La Chiva, el diseño gráfico de los 60.

Reconozco que hay ilustradores que avanzan en ese sentido, depurando y diseñando una nueva identidad. Pero aún hay un largo camino por explorar, un camino que nos devuelva la mirada hacia el interior, hacia nosotros como inspiración. Me gusta la idea del rescate patrimonial, transmitir a los jóvenes el amor por lo vernáculo, afianzar las raíces y crear una estética completamente chilena.

Ilustrador y lector empedernido

En su estudio, Marcelo tiene una biblioteca compuesta principalmente por libros de diseño e ilustración que ha ido recopilando por años. Tiene Condoritos antiguos, mucho Quino, Fernando Krahn, Apuntes porteños y Bestiario del Reyno de Chile de Lukas, algunas cosas de Oski, Robert Crumb y Hervi, y un libro que se trajo de Cuba con los carteles de cine de Eduardo Muñoz Bachs, uno de sus favoritos. También tiene varios libros de arte y, en las paredes, algunos originales de reconocidos ilustradores chilenos.

Su otra biblioteca, la literaria, está cargada de autores nacionales.

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Eres un gran lector. ¿Qué tipo de historias son tus favoritas?

Principalmente soy un conocedor de la literatura chilena, más bien de la historia literaria. Sigo admirando a los autores que despertaron mi imaginación cuando niño, especialmente los cuentos de Manuel Rojas, Francisco Coloane, González Vera, Baldomero Lillo. Cada uno de ellos integró en sus relatos trozos de su propia historia; son narraciones palpitantes de vida, de la aventura de vivir. En relación al mundo poético, leo y releo impunemente a mis favoritos: Óscar Hahn, Jorge Teillier, Gonzalo Rojas, Pablo Neruda, Nicanor y Violeta Parra. Poetas que usan la materia de un Chile profundo y nos entregan universos cargados de identidad, exceptuando quizás el mundo fantástico de Hahn.

Este último tiempo me he sumergido en las crónicas de Joaquín Edwards Bello, sorprendentemente actuales y prueba de que el carácter del chileno no ha variado en 100 años. Crítica de amor de un gran conversador, una conversación que se traspasa al lector con una de las prosas más amenas que he leído.

Estudiaste diseño y trabajaste mucho tiempo en esa área. ¿Cómo llegaste a la ilustración?

Decidí estudiar diseño pensando erróneamente que podría mejorar mi dibujo. Ahora sé que es algo que no se aprende en esas escuelas, se lleva dentro. Pero sí resulta conveniente como un complemento al trabajo de la ilustración, mezclando técnicas de diseño incorporadas al dibujo. Llegué a la ilustración luego de asistir al taller de Montt/Olea: ellos estaban abriendo espacios, formando e incentivando a las personas que se interesaban en este oficio.
Tras el taller, Marcelo pensó en una forma de aprovechar lo aprendido. Había coleccionado, a partir de sus lecturas, un grupo de historias sorprendentes sobre Chile y se propuso reescribirlas e ilustrarlas. Pensó y diseñó dos libros, uno que incluía relatos desde el descubrimiento de Chile hasta 1910, y otro que abarcaba el siglo XX.

Con la maqueta del primer período en la mano y alrededor de siete historias ilustradas y escritas, más el apoyo y confianza de la editorial LOM, postuló al Fondo del Libro y la Lectura, que ganó el 2009. Así nació Mito del Reyno de Chile. Invención ilustrada de un Chile secreto (1533-1910), publicado por LOM en 2010. Ese mismo año el libro fue reconocido con el prestigioso Premio Mauricio Amster al Diseño Editorial otorgado por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile. “Verlo en la red de Bibliometro y pensar que puede inspirar a alguien, es haber cumplido uno de los anhelos que me llevaron a desarrollar ese, mi primer libro, apenas graduado de ilustrador. El segundo tomo, Mito del Reyno de Chile. Siglo XX, fue publicado hace poco y confío en que tenga una vida tan próspera como su antecesor”, dice Escobar.

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¿Qué significó para ti recibir el Premio Amster?

Una experiencia inolvidable y una auténtica sorpresa. Me acompañaban mis hijos, a los que dediqué el libro. Recuerdo que en la celebración se me acercó el legendario Jorge Soto Veragua, un diseñador de la vieja escuela que admiro desde mi época de estudiante. Recibir las palabras de ese señor del diseño y la ilustración, comentando los aciertos en el concepto del libro, es algo que escapaba a mis mejores sueños. También voy a recordar ese día por el pésimo discurso que di como agradecimiento, y que me enseñó a llevar siempre algo preparado con anticipación.

¿Y cuál fue tu primer encargo como ilustrador?

Luego de publicar mi primer libro y de abandonar las agencias de diseño, envié mi portafolio a algunos medios de prensa. Inmediatamente me encargaron algunas ilustraciones para el diario La Tercera, en el suplemento del sábado, Tendencias. Pude desarrollar un nuevo trabajo y jugar con mis estilos, experimentando con la ilustración editorial con mucha libertad. Un trabajo que ya lleva más de dos años y cerca de 400 ilustraciones, una buena escuela en la que el desafío de conceptualizar de manera certera y eficaz se ha convertido en parte de mi oficio y que me obligó a desarrollar un método de trabajo que ha rendido buenos frutos.

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¿En qué otros libros has participado?

He tenido la fortuna de ilustrar cerca de siete libros para la editorial Origo, reconocida por la excelente factura de sus ejemplares. Ellos están desarrollando una colección de clásicos de la literatura para Copec, a bajo costo y de cuidada edición. Recuerdo especialmente el primer encargo, ilustrar uno de mis libros más queridos y que da comienzo a la narrativa social en Chile: Sub Terra de Baldomero Lillo. Un verdadero placer y con un resultado que me dejó profundamente satisfecho; entrañable.

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¿Cuáles son las técnicas que más te gustan a la hora de ilustrar?

Siempre parto de un boceto a grafito, luego lo traspaso a tinta china y finalmente doy las terminaciones y el color en forma digital. Considero que el trabajo manual les da una apariencia cercana y natural a los dibujos; la belleza del trazo a pulso, del error y una cierta imperfección, los distinguen y les dan un carácter casi artesanal.

¿Tienes algún proyecto literario entre manos?

Estoy escribiendo pausadamente una historia sobre Neruda. Para ello me he rodeado de una bibliografía extensa que descansa sobre una mesa que tengo a la vista. Tendrá el formato de un libro álbum, aprovechando de explorar las posibilidades narrativas de este tipo de obras. Cuenta la historia del poeta desde una esquina poco usual. Espero concretarlo en un plazo aceptable.

Y en el corto plazo, ¿se viene alguna sorpresa editorial?

Ahora estoy de cabeza en el tercer libro de mi autoría, un proyecto con el apoyo del Fondo del Libro donde nuevamente meto las manos en los ingredientes de la chilenidad, pero de manera diferente a Mito del Reyno de Chile. Está en pleno proceso y espero que vea la luz en septiembre, un mes cargado a “lo chileno”. Es mi proyecto más personal hasta el momento y lo abordo con cariño, un proyecto acariciado desde hace años. Parafraseando a Teillier: Cuando yo no era ilustrador, por broma dije que era ilustrador…

¿Cuál es tu proyecto soñado, ese que matarías por hacer?

Daría mi mano izquierda por ilustrar los cuentos de Francisco Coloane. También me encantaría dibujar una novela gráfica con un personaje que tengo bosquejado, un detective en los 70. Pura cultura pop.

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