Historia, infancia y literatura

La primera clase de Ciencias Sociales de un grupo de alumnos de primero básico resultó reveladora para el historiador y académico Nicolás Cruz. A partir de esa experiencia, reflexiona en torno a las distintas fuentes que contribuyen al conocimiento y comprensión de la historia, donde los libros tienen un papel destacado.

Por Nicolás Cruz
Historiador
Editor de www.historiaycultura.cl

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Ilustración de Alfredo Cáceres     
http://alfredocaceres.tumblr.com

Llega marzo y todos de vuelta al colegio. Las distintas materias de estudio recién empiezan a plantearse, y las profesoras y profesores buscan comprender qué saben los alumnos sobre un determinado tema. Lo que transcribo a continuación sucedió en la sala de clases de un primero básico (niños y niñas entre 6 y 7 años) durante la primera clase de Ciencias Sociales. La reconstrucción se basa en el recuerdo de la profesora y los apuntes que tomó luego del ejercicio:

Profesora: Vamos a estudiar Historia. ¿Qué estudia la Historia?
Fernanda: La Historia estudia cómo fueron las historias que se cuentan.
Santiago: Pero las historias ya pasaron, son antiguas.
Emilia: Es como Leonardo Da Vinci…
Profesora: ¿Qué pasa con Leonardo Da Vinci? (la profesora dibuja en el pizarrón la figura de Leonardo, un señor con pelo largo).
Andrés: Él hace mucho tiempo vivió en Italia y pintó un cuadro que se llama La Monalisa.
Profesora: ¿Cómo sabes eso?
Andrés: Lo vi en un libro que hay en mi casa.
Clemente: Sí, pero también está la guerra de los italianos, y mi nonno peleó en la guerra contra Chile…
Profesora: Italia nunca ha peleado contra Chile, pero sí en Europa hubo guerra, una Primera y una Segunda Guerra Mundial (la profesora dibuja una línea en el pizarrón y pone fechas a Leonardo y a cada una de las guerras).
Clemente: Yo fui a España y en un museo vi un cuadro muy grande que mostraba una guerra que hubo en España…
Profesora: Esa fue una guerra entre españoles. Ahí a veces las familias y los amigos quedaron a un lado y al otro.
Emilia: Yo sé algo que va a pasar hoy día y creo que también va a ser historia, aunque no haya pasado todavía. Hoy el presidente Piñera le va a dar esa cinta azul, blanca y roja a Michelle Bachelet.
Profesora: ¿Por qué crees tú que eso es historia?
Emilia: Porque es algo muy importante.
Vicente: Sí, pero también pelearon en Chile contra los mapuches y ellos hasta ahora están enojados…
Juan Luis: Sí, pero esos fueron los españoles con los mapuches.
Pedro Pablo: Pero los españoles vinieron con Cristóbal Colón (la profesora muestra la línea del tiempo y anota: 1492, Colón).
Algunos niños: Ah, la pelea con los mapuches fue después.
Profesora: Niños, ¿conocen a los Picapiedras? (señalando la línea del tiempo) ¿Dónde creen que irían ellos que se visten con pieles, sin zapatos y que frotan dos palos para hacer el fuego?
Martina: Obvio, allá (y muestra el inicio de la línea del tiempo).
Profesora: Y, ¿qué aprendimos hoy día? ¿Para qué hice la línea del tiempo?
Alumnos: Para ordenar historias.
Profesora: ¿Y esta línea del tiempo, para qué sirve?
Alumnos: Para ordenar historias en el tiempo.

Los niños saben de historia y conviene que cualquier enseñanza parta de este hecho. Saben varias cosas porque están vivos, oyen y guardan en su memoria las noticias y narraciones que escuchan, luego las insertan en su propio mapa cultural y les otorgan un significado específico. Tienen, además, la intuición de la ordenación cronológica y distinguen si una cosa es nueva o vieja, si una persona es mayor o menor que otra; frente a una fotografía saben decir con claridad si esa foto es de esta época o de una anterior y, de ser una antigua, identifican varios elementos que les permiten sostener su afirmación. Las bases están echadas y queda por ver cómo la escuela, la familia y el entorno enriquecen o disminuyen ese potencial.

Las narraciones de los adultos, los museos, el arte y los libros son algunas de las varias fuentes de la historia que mencionan los niños de manera espontánea. Y tienen mucha razón: la historia está en las narraciones de los adultos y en las de los mayores de la familia, y ellas sirven al niño como un poderoso incentivo para obtener una primera ubicación en el mundo. Fuera de libreto, la profesora de la conversación antes transcrita nos contaba que una alumna particularmente tímida se acercó a ella al final de la clase y le contó “que su abuelo hace tiro al arco y la lleva a mirar, y el arco es antiguo, ¿cierto?”.

Los museos, las exposiciones, las actividades que se dan en la calle y los parques, serán siempre una fuente inagotable para el conocimiento y para enriquecer la comprensión de la historia. Uno de los alumnos había visto un cuadro (Guernica de Picasso) y supo que en esas tierras lejanas de España hubo una guerra que fue feroz. ¿Cuántas preguntas más podrá hacerse en torno a ese cuadro si mantiene vivo ese nivel de memoria e interés? No resultaría extraño que, quizás en segundo medio, puesto a escoger con libertad un tema de investigación, dirija sus pasos a la Guerra Civil Española.

El papel de los libros

Los libros probablemente hayan constituido hasta ahora una de las puertas más amplias al desarrollo de la imaginación, el disfrute y la creatividad. En sus páginas encierran historias increíbles ocurridas en lugares distantes, o en ninguna parte específica, como sucede muchas veces; historias que empiezan con la base de todo conocimiento profundo del pasado: “Había una vez… en un territorio donde los árboles eran todavía los señores del mundo…”.

Los libros llegan a los niños a través de la voz mediadora de los padres, los hermanos mayores, los amigos, etc. Ellos no solo quieren escuchar, sino también aprender el cuento y recitarlo de memoria. Piden que se les lea una y otra vez su historia favorita hasta llegar a sabérsela al dedillo. Una experiencia notable para el mediador es la respuesta que recibe cuando cambia una frase del relato o cuando, con mayor audacia, intercala una frase de otro relato en el que está contando. Los niños saltan y denuncian inmediatamente la intromisión.

En un determinado momento empieza a ganar terreno la lectura silenciosa, esa que a los 6 o 7 años, para mantenernos en el contexto que estamos presentando, implica una ojeada a las imágenes y su asociación con las palabras, la comprensión de la página, el gusto por el primer conocimiento de las letras y la profundización del placer por el libro. El silencio frente al libro encierra una posibilidad de descubrimiento personal e individual por parte del niño.

Museos y exposiciones, las expresiones de la calle y el presente, los libros y las narraciones, todos reclaman a adultos activos que tengan el interés y las ganas de abrir esos espacios. La lectura silenciosa se deriva, en la mayor parte de los casos, aunque no en todos, de un entorno que haya promovido la lectura. Esos niños habitan con entusiasmo las páginas y tienen el placer del libro. Aquellos que no cuentan con esa experiencia tienen dificultad para sentarse a leer y se excusan señalando que no saben hacerlo. La calle, por su parte, puede ser un lugar de observación y conocimiento o puede llegar a ser el espacio de la desconfianza y el peligro constantes.

Los niños saben historia y conviene escucharlos cuando hablamos con ellos sobre el tema. Saben, como dijimos, lo más profundo: “Había una… en un…”, y luego agregan, como los antiguos indígenas americanos, “eso era antes, eso fue después”. A todo esto se llega por los variados caminos que hemos mencionado. Entre ellos, los libros de (buena) historia tienen un lugar especial. Nos proponen una conversación que, cuando resulta, se graba como una gran experiencia porque nos abre de manera integrada todo un mundo que tuvo lugar, el que nosotros traemos al presente a través de la lectura. Y podemos volver sobre ellos todas las veces que queramos, disfrutándolos, pero también creando una historia de nuestras lecturas de esa historia. Con estos libros nos enriquecemos, pero también crecemos.

Nota del autor: Agradezco a la profesora Ana María Valdivieso por la grata y vivificante narración de su experiencia en la enseñanza de las Ciencias Sociales en 1° básico.

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