Wonka también cocina

Al parecer, pocos saben de la relación entre Roald Dahl y la cocina. Pues bien: cuando era chico le llegaban a su escuela chocolates Cadbury para ser testeados. Y, cuando fue mayor, el tema de los vinos y lo gourmet fue parte de su existencia. Algo que se vio reflejado en sus textos y también en su vida.

Por Esteban Cabezas (Chile)
Escritor y crítico gastronómico

Karina Cocq-16

Ilustración de Karina Cocq / www.monitologia.blogspot.com

Hay un cuento de Roald Dahl, quien también escribió mucho para adultos, que deja en evidencia su veta de gourmand. Se llama Gastrónomos y en él un coleccionista de vinos ofrece –un poco a la fuerza– a su hija como recompensa a un invitado si este descubre qué vino está catando. El sujeto, obviamente poco agraciado, va revelando minuto a minuto las características de lo que está probando, con tan gran premio ad portas. Hasta que logra llegar a la verdad absoluta.

La joven está al borde de la agonía con este acierto, pero la mucama entra con los lentes del vencedor y da vuelta a la tortilla. Los anteojos dejan en evidencia que el supuesto genio de la percepción había visto el vino antes, al momento de ser decantado en una habitación vecina.

¿Muy para especialistas esta trama? Sí y no, porque si hubiera sido inentendible y solo para connaisseurs, Roald Dahl no la habría considerado. Porque si algo reluce en su prosa es la evidencia llana y simple, esa que lo ha convertido en uno de los mejores escritores para niños de la historia.

Y uno con veta cocinera, además.

Comer, comer, leer

Si bien es Matilda uno de los best sellers más notables de este galés adoptado (porque era natural de Noruega), Charlie y la fábrica de chocolate es la piedra fundacional de su canon histórico: unos abuelos raquíticos, una familia muerta de hambre y la posibilidad de entrar al sitio donde se fabrican los dulces más deliciosos e increíbles (en el real sentido de lo increíble), obra del demente Willy Wonka, creador de golosinas sin límite de imaginación.

Ríos de chocolate, papel mural langüeteable, hongos comestibles o el chicle-almuerzo. Todas posibilidades que se transforman en reales para Wonka.

¿Comida? Sí, es un tópico que abunda en las líneas de este creador. En forma de un durazno gigante, en su libro de un niño llamado James como protagonista, o como la dieta de unos gigantes malvados en El Gran Gigante Bonachón, donde hasta los niños chilenos entran en la carta de estos sanguinarios e inmensos villanos (entre ellos Tragacarnes, Mascaniños y Aplastamocosos), y en la cual el bueno del cuento opta por alimentarse de pepinásperos, una verdura tan agria como inventada, para evadir el consumo de huesos y pellejo infantil.

Hay un niño que se come una torta de chocolate entera en Matilda, lo que deja en vergüenza a la tiránica Trunchbull, y aparece comida precongelada que deja en evidencia la paternidad ineficiente de los supuestos padres “educadores” en este mismo libro. Si hasta la buena de la película se llama miss Honey (señorita Miel). Hay una pastelería protagonista en La Jirafa, el Pelícano y el Mono, lo mismo que una sopa de arvejas llena de sabor maligno y hechizo en Las Brujas, la que convierte a las malvadas protagonistas en asquerosos ratones.

En otros libros como Danny el campeón del mundo, la caza de aves para comer es el tema principal, lo mismo que en La maravillosa medicina de Jorge es un “remedio” realmente tóxico e impracticable el que da fuerza al título y a la trama. Y que se recomienda no hacer en casa.

Y más con la cocina

Su último libro publicado en 1989 se tituló Puchero de rimas (nuevamente sobre comida). Poco antes, un director español, Pedro Almodóvar, tomó uno de sus cuentos adultos –en 1985– para hacer su película Qué he hecho yo para merecer esto. La trama, sencilla y macabra, trata sobre una mujer que ha asesinado a su marido con un hueso de jamón y que luego recibe a la policía con un puchero cocinado con el arma del crimen.

En fin. Si alguien se quiere enfrentar cara a cara con la faceta culinaria de este autor, hay un libro inédito en español que recopila sus recetas en Memories with food At Gipsy House, donde se combinan sopas de cola de buey (oxtail) con postres como el helado Krokaan, en una mezcla anglonoruega de la que fue embajador. Entre consejos culinarios y memorias, es la mejor encarnación de esta pasión por el sabor (macabro) de este escritor infantil.

Pero para sus fanáticos menos devotos de la cocina pura y dura, hay un desvío mejor. Se trata de una serie de libros en los que se recrean recetas derivadas de sus libros: Revolting Recipes (solo en inglés, sorry). ¿Por ejemplo? Una barba cochina de Los Cretinos hecha con papas fritas, un pastel de pájaros como el que esos mismos asquerosos sujetos cocinaban, hamburguesas de barro de James y el melocotón gigante o un lápiz lamible de Charlie y la fábrica de chocolate, o lo que sea que pueda deducirse de una obra donde el sabor y la locura siempre fueron parte de la misma receta.

Pero esto no termina aquí. Porque esta misma pasión la heredó su nieta Sophie Dahl. Conocida hace unos años por ser una bella modelo XL –rubia y gordita, un querubín talla 44–, tuvo anorexia a los 12 años precisamente por la muerte de su abuelo. Ella lo acompañaba en las promociones de sus libros y eran muy cercanos. Pues bien, primero adelgazó, luego se recuperó –un poco mucho– y actualmente se mantiene en una talla intermedia.

Hoy, Sophie ha dejado el modelaje y se dedica a… escribir libros de cocina. Tiene columnas en revistas, programas de televisión y un amor por la cocina sin duda heredado.

Los 7 escogidos de Esteban Cabezas:

Roald Dahl’s completely revolting recipes and other tasty treats!, ilustrado por Quentin Blake (Jonathan Cape)

Charlie y la fábrica de chocolate de Roald Dahl, ilustrado por Quentin Blake (Alfaguara)

James y el melocotón gigante de Roald Dahl, ilustrado por Quentin Blake (Alfaguara)

Memories with food at Gipsy House de Felicity y Roald Dahl (Viking)

Puchero de rimas de Roald Dahl, ilustrado por Quentin Blake (Anagrama)

Los Cretinos de Roald Dahl, ilustrado por Quentin Blake (Alfaguara)

Miss Dahl’s voluptuous delights: Recipes for every season, mood and appetite de Sophie Dahl  (William Morrow Cookbooks)

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