No comas renacuajos

 
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Por Pilar Echeverría, profesora de Castellano y animadora de la lectura.
pcarcer@gmail.com

No comas renacuajos
Autor: Francisco Montaña
Lectores avanzadosBabel Libros | 2008

Su ingrediente principal es la miseria, y su acompañamiento, el abandono infantil. Una familia de cinco niños queda huérfana de madre y el padre los abandona. Viven en la casa familiar, y le arriendan un departamento a una vecina que no les paga con dinero sino lavándoles la ropa. Héctor, el mayor, tiene tan solo 13 años y se convierte en el proveedor. María, la que le sigue, se preocupa de la casa, la comida y los hermanos. Robert, de 10 años, se abandona a las drogas. David, de 9, va al colegio, pero es solitario y tímido. La más pequeña, Manuela, solo quiere asistir a la escuela. Todos ellos padecen un hambre visceral, tanto en lo físico como en lo afectivo.
Paralelamente, se desarrolla una historia de amor. Nina, compañera de David, se enamora de él y haría cualquier cosa por él. Esta historia viene a ser el postre: dulce, esperanzador, consolador. Si en la historia de los cinco hermanos visualizamos el abandono y la indiferencia de la sociedad adulta hacia los niños, en la historia de David y Nina encontramos la inocencia infantil, la lealtad y la esperanza de un futuro más conciliador.
La presentación de este plato también tiene su mérito. Montaña juega con dos narradores. Uno es omnisciente y relata las vivencias y sufrimientos de los niños; conoce a cabalidad lo que cada uno hace y siente. Narra la desesperación que padecen por conseguir una moneda, un mendrugo de pan o dar con el paradero del padre. En capítulos intercalados es la voz de Nina la que narra su propia historia, su amistad y cercanía con David. Ella nos revela cómo ve a este niño solitario y raro que la atrae enormemente. Ambas historias terminan uniéndose en una llama de esperanza.
El lenguaje culto y coloquial del texto permite una fácil lectura. Puede llamar la atención que los niños se traten de “usted”, pero es costumbre tratarse así en Colombia, donde se desarrolla la historia. Por el contrario, la hace más real, más auténtica, más verídica.
Como dije inicialmente, es un plato hipercalórico en el sentido de exponer una cruda realidad sin ningún filtro, sin tapujos. El lector no tiene excusa para no ver las responsabilidades incumplidas de los adultos para con los niños. Y obliga a tomar conciencia de lo que estos pueden llegar a hacer en situaciones extremas.
¿Vale la pena comérselo? Sí, es un alimento necesario para abrir esas puertas que normalmente están cerradas y ver qué hay detrás de ellas. Y no quedarnos indiferentes frente a realidades que muchas veces permanecen ocultas a la indiferente mirada del observador pasajero.

Publicado en RHUV Nº16