Isidora Aguirre y la literatura infantil

Reconocida como una de las figuras más sobresalientes del teatro chileno del siglo XX, Isidora Aguirre también escribió e ilustró libros para niños.

Por Manuel Peña Muñoz
Escritor, narrador y especialista en literatura infantil y juvenil

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Ilustración de Marisol Abarca / http://marisolabarca.tumblr.com

A los 91 años falleció en Santiago la escritora y dramaturga Isidora Aguirre Tupper (1919-2011). Entre sus obras se destacan La dama del canasto (1965), Los que van quedando en el camino (1969) y Lautaro (1982). Menos conocido es su trabajo como ilustradora y escritora de libros infantiles.

Su madre fue la pintora María Tupper Huneeus (1893-1965), que tenía una tertulia en la calle Rosas frecuentada por Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, María Luisa Bombal y el muralista mexicano Diego Siqueiros. Impulsada por estas visitas, Nené Aguirre escribe a los 6 años el cuento Los anteojos de Pepito, y a los 15, adivinanzas y cuentos por iniciativa de la escritora Marta Brunet, para ser publicados en la sección infantil de la revista Familia. Más tarde los recopiló en el libro Ocho cuentos (1938) de la editorial Zig-Zag. Estos son: El Payasito, El viejo puente, El castigo de la luna, La muñequita porfiada, El sauce llorón, Una aventura de Rosita, La muñeca de Rosita y Juan y medio.

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Ocho cuentos (1938) de Isidora (Nené) Aguirre, con ilustraciones de la autora.

A los 28 años, recrea Wai-Kii, una leyenda hawaiana que publica en la editorial Rapa Nui en 1947, el mismo año en que su tía Ester Huneeus, asidua contertulia de su madre, presenta a Papelucho. En el libro Conversaciones con Isidora Aguirre de Andrea Jeftanovic (Frontera Sur, Santiago, 2009) la escritora recuerda: “En la década de los 40, mucho antes de empezar a escribir obras de teatro, escribí una novela para niños. La mandé a un concurso en una editorial de nombre Rapa Nui. Me basé en un libro antiguo sobre Hawai, en el que se habla de su gente y su mitología. En la novela invento la leyenda de un río que tiene que ver con sus mitos. El personaje Wai-Kii, hijo de la diosa del mar y de un navegante, luego de muchas aventuras, termina convertido en lava por la enemiga de su madre, la diosa de fuego, que mora en los volcanes. Pero de su frente mana un hilo de agua, el que se convierte en un río que fertiliza la isla, y tanto el joven como el río, por sus atributos, simbolizan al poeta y a la creación. (…) Hernán del Solar, jurado del concurso, me anunció: ‘Su novela para niños sugiere que a usted le da para muchísimo más.’ No imaginé que ese ‘muchísimo más’ serían las treinta y tantas obras de teatro y las cinco novelas que esperaban ser escritas en el futuro”.

De esta edición destacan las ilustraciones de Hedi Krasa, artista nacida en Viena en 1923 que emigró de Austria debido a la persecución judía y llegó a Chile en 1939, a los 16 años. Luego, se integró al Ballet de Ernst Uthoff como bailarina, escenógrafa y diseñadora de vestuario del ballet Giselle en 1945. Un año más tarde creó el vestuario para el ballet Drosselbart o el Príncipe Mendigo, basado en un cuento de los hermanos Grimm. En esa época, los diseñadores de vestuario también ilustraban cuentos de hadas, por eso no nos sorprende que Hedi Krasa haya derivado también en la ilustración de libros infantiles de la editorial Rapa Nui. La artista regresó a Europa, donde trabajó como escenógrafa y pintora de retratos, y volvió a Chile en 1986, donde murió en 1989.

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Portada de la novela Wai-Kii de Isidora Aguirre, inspirada en una leyenda hawaiana.
Publicada en la mítica editorial Rapa Nui, que dirigió Hernán del Solar. Ilustrada por Hedi Krasa.

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Ilustraciones originales realizadas por Isidora Aguirre para su novela Wai-Kii,
no incluidas en la edición de Rapa Nui.

Siempre en el ámbito de la literatura y el teatro infantil, Isidora Aguirre presentó en 1956 Anacleto Chin-Chin, una farsa infantil en un acto.

Su obra más conocida fue La Pérgola de las Flores (1960), que se estrenó bajo la dirección de Eugenio Guzmán con música de Francisco Flores del Campo. Esta comedia musical supuso un extraordinario éxito y una consagración de la artista, además de constituir un hito en el teatro nacional. Sin embargo, opacó en cierta medida sus otras obras, ya que el público se quedó con La Pérgola, olvidando sus otras creaciones, entre ellas, las dedicadas a la literatura infantil, que merecen una reedición y estudios críticos.