Personajes infantiles que nos asustaron

Por Manuel Peña Muñoz
Escritor Especialista en Literatura Infantil y Juvenil

Karina Cocq-15

 Ilustración de Karina Cocq / www.monitologia.blogspot.com

En mi casa había una empleada hija de italianos llamada Marta Reale, a quien acompañaba a comprar a una botica muy distante de nuestra casa familiar en el Cerro Placeres de Valparaíso. Tomado de su mano, me llevaba por la Avenida Portales bordeando las altas rejas verdes de la Universidad Federico Santa María. Al pasar por allí, me mostraba los hornos donde los alumnos de la escuela de metalurgia fundían metales. Desde la reja, los veíamos con sus máscaras protectoras y sus sopletes en medio de llamas rojas, un humo espeso y un fuerte olor a quemado. Salían chispas naranjas y azules de aquellas maquinarias infernales. Marta me dijo un día que ahí estaban quemando vivos a los niños que se portaban mal. Me tenía amenazado con que me iba a llevar “a los hornos” si no le obedecía en todo. Crecí angustiado con esta imagen de los niños quemados y solo mucho tiempo después supe la verdad.

Los miedos infantiles nos acosaban. El miedo estaba presente en la educación. Miedo a las sombras, a la oscuridad, a ser castigado con los brazos en cruz sobre el pupitre o a ser encerrado en “el cuarto oscuro”. Se decía que por la noche iba a venir el Malulo a llevarse a los niños que no querían dormir. Cuando se escuchaba el paso de una carreta a medianoche, se nos decía que era el diablo que estaba pasando en su carroza tirada por caballos negros.

La escritora chilena Marcela Paz, autora de Papelucho (1947), cuenta que una vez vio deslizarse al Cuco por su dormitorio y quedó aterrada. Varias noches se le aparecía en forma de silueta monstruosa merodeando alrededor de la cama, hasta que una noche descubrió a la empleada en cuatro patas con una manta en la espalda. Y  cuando iba a misa en la catedral, recordaba la misma autora, no se soltaba del vestido de su abuela porque le habían dicho que los gitanos la podían raptar. Estas situaciones y personajes conseguían mantener a raya a los niños, educándolos a través del miedo.

Muchos de estos seres inventados por la imaginación popular tienen su origen en la tradición oral española. En varias nanas o canciones de cuna castellanas aparecen las gitanas como “asusta-niños” y también en los pueblos de Cantabria, donde se amenaza a los niños con frases cotidianas como: “Si no te comes toda la comida, vendrán a buscarte las gitanas”.

El hombre del saco

El hombre del saco es uno de los personajes de miedo más característicos del folclore infantil hispánico. Su origen se remonta a una leyenda urbana que nace en Almería (España) donde un hombre raptó a un niño dentro de un saco para darle muerte. A partir de entonces se ha aterrorizado a los niños españoles, y de paso a los latinoamericanos, con que este hombre va a venir a buscarlos con su saco si no se toman la sopa o se duermen temprano.

En Galicia, este personaje tiene forma de mujer y se llama la meiga del saco o la Marimanta. A veces se la encuentra en la orilla de los ríos, tentando a los niños para que se sumerjan en sus aguas con la intención de ahogarlos.

En Colombia se llama el viejo del costal y en Chile el viejo del saco. En Valparaíso también existía el loco Horacio, que recorría las calles porteñas cargando un saco y que en cualquier momento podía llevarse a los niños si no se dormían. En Alemania, en tanto, las madres les dicen a los pequeños que cierren bien los ojos porque va a venir el hombre de la arena esparciendo granitos de arena en los ojos de los niños que no se quieren dormir.

El Cuco

Otro personaje “asusta-niños” es el Cuco, que en España y Portugal se llama Coco. Por lo general se le representa en forma de un hombre envuelto en una larga túnica con una cabeza en forma de coco que tiene tres agujeros.

El Coco aparece ya en un cancionero medieval español del siglo XV:

Tanto me dieron de poco
que de puro miedo temo
como los niños de cuna
que le dicen ¡cata el Coco!

El pintor Francisco de Goya lo representó en el siglo XVIII mostrándolo como un enigmático hombre envuelto en una gruesa capa acercándose a una cama donde hay dos niños aterrorizados que se aferran a su madre.

El Coco o Cuco también aparece en numerosas canciones de cuna del folclore infantil iberoamericano:

Duérmete niño,
duérmete ya
que viene el Cuco
y te comerá.

Y en España las madres cantan:

Duérmete niño,
que viene el Coco
y se lleva a los niños
que duermen poco.

En Brasil se llama Tutú Marambá, nombre de un libro de poesías y canciones infantiles de la escritora argentina María Elena Walsh, quien recreó las palabras de los niños iberoamericanos, especialmente aquellas que pertenecen al folclore.

La luna como asusta-niñas

En ciertas comarcas de los Pirineos, se asusta a las niñas que se resisten a dejarse peinar diciéndoles que si no se están quietas, les ocurrirá lo que le pasó a una niña a quien la luna se la llevó junto a su madre. Por eso, al mirar la luna llena, se ve claramente la figura de una mujer que está peinando a una niña. Esa figura muestra el castigo que tendrán las niñas lloronas que no se dejan peinar…

La Llorona

Otro personaje que infunde miedo en los niños iberoamericanos es la Llorona. Se la representa como una mujer de pelo largo y descalza que va llorando en forma lastimera por las noches, bordeando un río o junto a una fuente, arrepentida de haber dado muerte a sus hijos. Esta Llorona aparece en las narraciones orales de España y en el folclore de toda América Latina, incluso en narraciones orales aztecas, aunque guarda también relación con la cultura griega. Se trata también de la representación de Medea en la tragedia de Eurípides, como la madre arrepentida que llora por sus hijos muertos por su propia mano. En muchos países latinoamericanos, entre ellos Venezuela y Guatemala, las madres asustan a sus hijos diciéndoles que si no les obedecen, vendrá la Llorona a buscarlos por la noche.

Este personaje mítico asociado a la infancia tiene sus variantes en toda Latinoamérica. En Panamá y Costa Rica recibe el nombre de Tulevieja y se la representa como una mujer con alas en su espalda y con los senos cargados de leche buscando a su niño perdido para darle de mamar. En las comunidades rurales de estos países, las madres temen su paso pues puede entrar a las casas a amamantar al niño recién nacido. Por eso procuran que no llore por las noches. La Tulevieja tiene tanta leche que se desborda de sus senos y por eso siempre hay una larga hilera de hormigas que van bebiendo la leche materna derramada en el camino.

En República Dominicana se la llama Ciguapa y aparece en el fondo de los bosques con los pies invertidos. Así confunde al que la busque, pues creyendo que se ha alejado, en realidad se ha acercado.

Todas estas variantes de la Llorona han sido la base para que muchos narradores la recreen en sus novelas y cuentos en toda Iberoamérica.

El caballero de lata

En las islas de Chiloé, en el sur de Chile, hay muchos mitos y leyendas que coinciden con la rica mitología del norte de España. No por azar, Chiloé se llamó en sus inicios Nueva Galicia.

Uno de los personajes de fábula que infunden miedo a los niños en este archipiélago, es el caballero de lata. Este caballero fantasma se aparece en las noches de temporal vestido con una armadura idéntica a las usadas por los soldados españoles en tiempo de la Conquista, cuando los soldados custodiaban los fuertes coloniales. Al parecer, el soldado murió, pero sigue apareciendo con su traje de acero en los bosques del Canal de Chacao montado en su caballo negro con crines de fuego.

El miedo en el folclore infantil

El miedo aparece también en forma lúdica en el folclore infantil iberoamericano, como en el juego donde un niño prueba que no le teme al león si no parpadea cuando le soplan los ojos:

-¿Fuiste al cerro?
-Sí.
-¿Viste al león?
-Sí.
-¿Le tuviste miedo?
-No

El niño que pregunta sopla los ojos del otro, y si este los cierra, es seña que sí le tuvo miedo al león.

También aparece en el juego infantil de juguemos en el bosque, en el que el miedo va creciendo en forma gradual mientras el Lobo se viste:

-Juguemos en el bosque
mientras el Lobo no está.
¿Lobo estás?
-No, me estoy poniendo la camisa.

Y finalmente:

– Sí, y ahora salgo para comérmelos a todos.

En España se asusta también al niño en forma lúdica, soplándole los ojos y diciéndole “¡Buuuú!”. Este personaje infantil también aparece en una rima cantada en Talavera de la Reina (Toledo):

Landú, Landú
Serenadito Landú
Cierra tus ojos, niñito
o vendrá el Bú.

En tanto que la escritora española Gloria Fuertes escribe:

Llegó vestido de azul
¿quién llegó?
¡El Bú!

Todas estas figuras son estudiadas por los investigadores del folclore infantil, aunque los psicólogos y el sentido común del siglo XXI aconsejan no amedrentar a los niños infundiéndoles miedo. Por el contrario, estimulan que los niños sean como el sastrecillo valiente del cuento y sepan afrontarlo.