Me da miedo la LIJ

“Los cuentos de hadas superan la realidad no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que pueden ser vencidos.” (Gilbert Keith Chesterton). Esta cita ilustra, gráficamente, lo que aquí quiero exponer: que los miedos infantiles están más que presentes en los niños y que la literatura es un tremendo espacio para hacerlos evidentes y, por qué no, para purgarlos.

Por Claudia Olavarría
Editora de Gata Gorda Ediciones
Académica Facultad de Educación Pontificia Universidad Católica de Chile

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Ilustración de Maritza Piña Bustamante / www.cargocollective.com/maripinia

Uno de los primeros acercamientos académicos que tuve con la literatura infantil y juvenil fue a través del teórico austríaco Bruno Bettelheim y su Psicoanálisis de los cuentos de hadas (1977). Fue gracias a él que me acerqué a las primeras certezas de que la literatura tiene un poder especular, un poder de reflejarnos –consciente o inconscientemente–  nuestro yo interior.

Ese yo interior que, como adultos, debiéramos (en teoría) tener visualizado, no es tal en los niños y niñas en formación. Es allí, en ese espacio de cobijo que brinda la literatura, las historias bien contadas, los relatos contados a la luz de la lumbre, donde el niño puede reconocer y reconocerse, especialmente en los miedos que lo albergan, que lo superan y que desconoce cómo afrontar.

Pienso en el miedo al abandono, a la muerte, al rechazo. Como menciona Bettelheim, el cuento de hadas nos permite evidenciar ciertos miedos y, eventualmente, nos permitiría sanarlos y avanzar a la siguiente etapa de aprendizaje del yo. Plantea que los cuentos de hadas ofrecen guía y seguridad al niño en su etapa de crecimiento.

En cierta medida, estimulan la esperanza de que sus miedos y frustraciones pueden ser vencidos. Por ejemplo, plantea que La Cenicienta es un buen recurso literario para enfrentar el miedo al abandono propiciado por la aparición de hermanos menores. Recordemos que Cenicienta pierde a su madre –primer acercamiento al miedo a la muerte– y luego es abandonada a su suerte por el padre y la madrastra, además de recibir los maltratos de sus hermanastras.

¿Qué mejor manera de acercarles la esperanza de que el estado de la situación original puede ser restituido, que mediante el calor y el afecto de una historia contada antes de dormir?

¿Y la nueva LIJ?

Claro es el aporte de la LIJ tradicional, del cuento maravilloso, respecto de la relación que se puede establecer entre la evidencia de los miedos y su posible restitución. No obstante, ¿qué nos aporta la nueva LIJ al respecto? Fanuel Hanán Díaz, en su artículo Libros perturbadores: una categoría a la sombra (2009), expone acerca de la perturbación como un fenómeno de recepción, asociado mayoritariamente al mundo adulto. ¿Nos complica hablar de la muerte, del maltrato o del abandono? Probablemente, a nosotros los adultos, mucho. Pero, y a los niños, ¿les perturba necesariamente?

Hoy, la LIJ está plagada de ejemplos de libros que tratan temas que, desde nuestra mirada de adultos, pueden ser perturbadores pero que, sin embargo, podrían cumplir una función reparadora similar a la que ejercen en los cuentos de hadas. Propongo algunos ejemplos que pueden iluminar esta perspectiva.

Outside over there, de Maurice Sendak: el miedo al rapto

Este es, quizás, uno de los álbumes más espeluznantes del autor estadounidense. Trata sobre el rapto de una pequeña bebé quien, estando al cuidado de su hermana mayor, es arrebatada por unos duendes. Aquí, probablemente, la perturbación no necesariamente está dada por el texto –en sí mismo perturbador– sino por las imágenes realistas de Sendak. Por ejemplo, en el momento del rapto de la niña, se nos muestra cómo los duendes la alejan de su cuna y la reemplazan por una figura similar a ella, pero construida en hielo.

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Outside over there, Maurice Sendak (Harper Collins).

La imagen se completa con el siguiente texto: “So the goblins came. They pushed they way in and pulled baby out, leaving another all made of ice” (“Entonces vinieron los duendes. Se abrieron camino y sacaron al bebé dejando a otro, hecho completamente de hielo.”). Aquí se presentan dos posibles miedos: el miedo a la desprotección y al abandono, representado por la pequeña niña raptada, y el miedo a la pérdida y a la ausencia, representado por la hermana mayor. Esta última cumple una doble función en el texto: ser la guardadora de su pequeña hermana y la protectora de su madre, deprimida por la ausencia del padre, quien ha salido a navegar. ¿No habrá aquí otra representación más del temor? Esa falta del padre y esa ausencia mental -no física de la madre- me hacen pensar nuevamente en el abandono, en la carencia…

Volvamos a la perturbación del rapto infantil. Sendak, desde el texto y la imagen, nos presenta un mundo fantástico, muy cercano a los mundos creados en los cuentos de hadas, donde la maravilla es la norma. Aquí, el hecho de que un niño sea raptado desde su cuna, probablemente perturba a mayores y menores; se ve reflejado un miedo ancestral a perderse en lo profundo de lo desconocido –visto ya en diversas historias de corriente popular: Hansel y Gretel, Caperucita Roja, Blancanieves, entre otras-.

Entonces, ¿cómo se restituye el orden inicial en Outside over there? Es la hermana mayor, cual heroína de cuento de hadas, quien sale en la búsqueda de su hermana pequeña, a internarse en lo profundo del bosque y sus peligros. ¿Cuántos niños no han sentido ese miedo a lo desconocido, representado muchas veces en el bosque, en la oscuridad, en lo indómito? ¿Quién más adecuado para salvarnos de los peligros que nuestros hermanos mayores? ¿Qué mejor que evidenciar que el bien puede ser restituido a través de esta compleja historia de Sendak?

Tot de Dominique Schwarzhaupt: miedo a la oscuridad

En este álbum –que espero disculpen la cercanía, pero no puedo dejar de nombrar-, la pequeña niña vestida de rojo no le teme a nada, excepto a la oscuridad. Tot, un monstruo enorme –ni tan espeluznante– le teme a todo, excepto a la oscuridad. En el descubrimiento de sus miedos, los propios y los ajenos, irán purgándolos hasta hacerlos invisibles. Casi tan invisibles como Tot… Este libro permite acercarse a uno de los miedos más recurrentes de la infancia: la oscuridad. Pero, ¿es la oscuridad misma la que nos aterra cuando niños? Probablemente no. Es lo desconocido, los monstruos que ella alberga, las pulsiones más ocultas, como diría Bettelheim.

Todos, en algún momento de nuestra infancia, necesitamos de esa lucecita prendida para poder dormir, de ese Tot que nos ayuda a pasar a una nueva etapa de crecimiento, o quizás solo nos conforta saber que esa oscuridad es parte de nosotros mismos…

Hansel y Gretel de Anthony Browne: el miedo atmosférico

Retomando a Bettelheim y actualizándolo en Browne: “[…] Sin embargo, la angustia de separación –el temor a ser abandonado– y el miedo a morir de hambre, junto con la voracidad oral, no son exclusivos de ningún período de desarrollo en particular. Tales temores se dan en todas las edades en el inconsciente, por lo que dicho cuento tiene también sentido para niños mayores, a la vez que los estimula.” (1977). Hago referencia a la historia de los Grimm, ilustrada por Browne (2011), por dos razones: primero, porque probablemente Hansel y Gretel sea una de las narraciones que mejor retrata el miedo al abandono y, segundo, porque Browne le otorga un nuevo cariz al miedo: una atmósfera escalofriante a través de las imágenes.

Evelyn Arizpe y Morag Styles, en el capítulo Dejar que salga la historia. Encuentros visuales con El túnel, de Anthony Browne del texto Lectura de imágenes. Los niños interpretan textos visuales (2004), analizan la obra de Browne con niños de entre 5 y 11 años. Algunos de ellos notan que Browne –quizás deliberadamente– intenta crear una atmósfera de miedo, apropiándose de otros cuentos de hadas para crear visualmente dicha sensación. El trazo hiperrealista de Browne propicia el encuentro con el espacio asociado al terror, probablemente a lo desconocido, tal como podemos observar en la imagen de Hansel y Gretel, donde se presenta a la bruja de la casa de galleta, especialmente en el trabajo con los claroscuros.

Pero atención, Browne no solo presenta una atmósfera de miedo asociada a lo desconocido (el bosque, la bruja), sino que también lo hace respecto de lo conocido: la madrastra.

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Hansel y Gretel. Anthony Browne (FCE).

Observemos cómo se potencia un símil escalofriante entre ambos personajes femeninos, quienes en la narración representan el mal: el abandono y la posibilidad de ser devorados. Como en todo cuento de hadas, Browne se hace cargo de la restitución del orden, a través del encuentro (textual) de los niños con el padre y la muerte de la madrastra, pero también a través de un nuevo manejo de los claroscuros, mediante un haz de luz que ilumina la escena con esperanza, que a su vez devuelve el estado de la situación al origen.

Como justificadamente mencionó Chesterton, los dragones (y las brujas y los bosques y los monstruos) de la LIJ están allí para mostrarnos que pueden ser vencidos, que podemos superarlos. Entonces, y como ya se ha mencionado, qué mejor manera de hacerlo que a través de las múltiples posibilidades que nos otorga la LIJ, ya sea antigua o nueva. Permitamos que los lectores en formación se sumerjan en las historias de abandono, de miedo, de ausencia, de muerte, que les permitirán vivenciar especularmente aquello que los aqueja en su más profundo interior y, quizás, purgarlo.

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Bibliografía:

Arizpe, E. & Styles, M. (2004). Lectura de imágenes. Los niños interpretan textos visuales. México: FCE.
Bettelheim, B. (1977). Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Crítica.
Browne, A. (2011). Hansel y Gretel. México: FCE.
Díaz, F. (2009). Libros perturbadores: una categoría a la sombra en Barataria nº 10.
Schwarzhaupt, D. (2012). Tot. Santiago: Gata Gorda Ediciones.
Sendak, M. (1981). Outside over there. Nueva York: Harper Collins.

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Birgit, historia de una muerte de Gudrun Mebs / Beatriz Martín Vidal (il.), El Jinete Azul, 2011.
Detrás del muro de Isabelle Carrier y Elsa Valentin, Juventud, 2011.
Donde viven los monstruos de Maurice Sendak, Alfaguara, 2009.
El libro triste de Michael Rosen y Quentin Blake, Serres, 2005.
El pato y la muerte de Wolf Erlbruch, Barbara Fiore, 2011.
El túnel de Anthony Browne, FCE, 1993.
Hansel y Gretel de Anthony Browne, FCE, 2011.
Juul de Gregie de Maeyer y Koen Vanmechelen, Lóguez, 2005.
Los cuentos de los hermanos Grimm de Noel Daniel (Compilador), Taschen, 2011.
Los tres osos de Anthony Browne, FCE, 2010.
Outside over there de Maurice Sendak, Harper Collins, 1981.
Ramón preocupón de Anthony Browne, FCE, 2006.
Tot de Dominique Schwarzhaupt, Gata Gorda Ediciones, 2012.