Pepe Cabana Kojachi: “Mukashi Mukashi”

“Más que un narrador, me considero un promotor de lectura y en especial de los cuentos”, dice Pepe Cabana, un hombre de espíritu inquieto que ha sabido fusionar en su carrera las dos culturas que lo identifican, la peruana y la japonesa.

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Ilustración de Sandra Agudo / http://sandra-agudo.tumblr.com

¿Cómo llegaste a ser narrador?

Todo empezó a partir de tres grandes motivaciones que me impulsaron desde el inicio: primero, mis raíces peruano-japonesas; segundo, promover y estimular el gusto por la lectura, y tercero, tener un programa radial. Todas estas razones me llevaron a tomar un taller de narración oral de cuentos con François Vallaeys, un destacado narrador francés que junto a otros narradores locales (de su generación), dieron el impulso en la ciudad para la creación de espacios públicos dedicados a escuchar cuentos. François fue muy generoso al compartir su experiencia, invitándonos a descubrir y explorar para encontrar nuestro propio camino.

¿Y cuándo encontraste el tuyo?

Al principio compartí con otros colegas de mi generación en colectivos, hasta que tomé la decisión de seguir mi búsqueda personal, de encontrar mis propios recursos para contar y de apoyarme en lo que conocía gracias a mi profesión como diseñador. Así llegó y nació Mukashi Mukashi. Luego, Cucha del Águila, una de las promotoras del renacimiento de la narración oral del Perú, me invitó al Festival Déjame que te cuente, y así se abrieron otros caminos.

¿Por qué decidiste usar la técnica del kamishibai en tu trabajo?

Durante muchos años estuve buscando una forma tradicional de contar las historias y que al mismo tiempo reflejara mis raíces peruano-japonesas. Mi abuelo materno era de Nishihara (Okinawa-Japón), mi abuela materna de Lima y mis abuelos paternos de Ayacucho (Perú). Ellos fueron mi gran motivación para llegar al kamishibai. A partir del mismo, decidí realizar una fusión e intervenir el Butai (teatro de madera) con la plástica del arte popular peruano, el Retablo Ayacuchano. Tras mucho trabajo, presenté oficialmente el Proyecto Kamishibai Perú (http://kamishibaiperu.blogspot.com) en un evento de la Semana Cultural del Japón, siendo una propuesta única y pionera en su género al utilizar las culturas de dos países en beneficio de la identidad, la lectura y el arte. Hasta el momento, y gracias a invitaciones del extranjero, el proyecto ha llegado a Bolivia, Colombia, Chile, Estados Unidos, México y Polonia.

Según tu experiencia, ¿de qué manera la narración motiva a los niños a leer?

Cuando uno escucha cuentos se emociona, se motiva y se interesa por sus protagonistas. Ver y escuchar a un narrador o a un docente en el aula o biblioteca que comparta los cuentos con tanto gusto y entusiasmo, nos cautiva a todos, en especial a los niños. Gracias a ello se despierta el interés de acercarse a aquel libro de donde se ha tomado la historia y al leerlo iniciamos un viaje similar al que nos contaron, o distinto, al hacerlo nuestro desde nuestras propias vivencias.

¿Cuál es la clave para llegar a los niños? ¿Y a los jóvenes?

Disfrutar mucho lo que hacemos, tener la convicción de lo que se quiere contar y compartir. Hacer el cuento participativo, darse el tiempo adecuado para narrar y también para conocer al público, y a partir de sus intereses proponer la historia. Hay que tener también el elemento sorpresa-inesperado, mantener una comunicación horizontal, respeto al cuento y a quienes nos van a escuchar. Pero vuelvo al principio: lo esencial es disfrutar lo que uno hace.

¿Cuál ha sido la mejor experiencia de tu carrera?

Todos han sido momentos muy especiales y cada experiencia muy distinta de la otra, pero rescato 3 momentos. El primero, hacer realidad el Proyecto Kamishibai Perú, un trabajo de autogestión que con mucho esfuerzo y perseverancia se hizo realidad. La otra que tiene un toque especial es cuando presenté la narración de Ratón, Ratón, ¿qué tanto estás buscando hoy?, mi propia publicación con mis ilustraciones en la FIL Lima 2012. Fue una adaptación personal de la tradición oral del Japón y que compartí oralmente durante una década. Fueron meses de trabajo en la construcción e ilustración de los personajes y escenarios del cuento. En la presentación estuvo gran parte de mi familia, la peruana y la japonesa, mis amigos y un lleno total de público en el auditorio principal. Y finalmente, haber llegado con la propuesta de fusión arte popular + kamishibai a TED Warsaw, fue una experiencia única y motivadora.

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Los cinco elegidos  de Pepe Cabana Kojachi:

Elmer de David McKee. Una maravillosa colección escrita e ilustrada por el mismo autor, acerca de un elefante totalmente distinto a los demás, lleno de colores, mucha sencillez y con un gran corazón.

El estofado del lobo de Keiko Kasza. ¿Se imaginan un lobo que le guste cocinar y con el deseo de preparar nuevos platillos? Un final inesperado en este cuento con sabor a amistad.

Pedro es una pizza de William Steig. Quedarse a jugar en casa le parecerá muy aburrido a Pedro. Pero llega su papá y se inicia el juego para convertirse en algo para comer, ¿Qué será?

El cuy valiente de Marcos Torres y Leyla Alburqueque. En un pueblo disfrutan de los cuentos del abuelo “Puna”. Mircha, un pequeño cuy, se entusiasma con las aventuras de “Anki” y decide ir a buscarlo.

Los caras pintadas de Alberto Thierolt e ilustraciones de Marcelo Wong. Existe una tradición en los guerreros de una tribu. El agua es un elemento indispensable para poder vivir y en la búsqueda de ella, sucederá algo inesperado.