Elena García-Huidobro: “Siento que cuando leo en voz alta soy un puente entre el libro y el oyente y, en cambio, cuando cuento, lo soy entre el autor y el oyente”

“Mis hermanos dicen que siempre conté cuentos, solo que de chica era cantautora de dramones mexicanos. Afortunadamente mi entusiasmo creativo luego tomó otros rumbos”, afirma divertida Elena García-Huidobro, profesora chilena con vasta experiencia como cuentacuentos, y también como formadora de mediadores y difusora de la lectura.

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Ilustración de José Reyes / www.flickr.com/photos/cosasdejose

 

¿Cómo llegaste a la narración?

Me introdujeron en la narración los discos con cuentos grabados que nos regaló nuestra madre y que escuchábamos con mi hermana durante horas en nuestras tardes invernales en el campo. Muchos años después pude poner en práctica lo aprendido con mis 7 hijos, especialmente cuando tenía que reproducir los cuentos que mi marido les contaba, pero que él enseguida olvidaba. Luego entré a trabajar a la biblioteca del Colegio Santa Úrsula y Constanza Keitel, que estaba a cargo en ese momento, sugirió que sería una buena manera de hacer más atractiva la biblioteca para las alumnas el contarles cuentos en los recreos… y así partí, gracias a ella, que tenía una visión moderna de biblioteca y que me animó.

¿Qué técnica te acomoda más: la lectura en voz alta o la narración oral?

Las dos técnicas me gustan y acomodan mucho, solo depende del momento y del objetivo para usar una u otra. Por ejemplo, la lectura con libro en la mano creo que es mejor para grupos más pequeños y resulta más íntima. También resulta estupenda para textos largos que pueden ser leídos en varias sesiones. Me gusta porque siento que cuando se hace bien, muchos oyentes (niños o adultos) se reconcilian con ella, se encantan con lo que es capaz de producir en ellos. Aparte es una buena manera de enseñar cómo se lee.

La narración me gusta porque es siempre un desafío, te sientes más desnudo frente al oyente que con el libro. La preparación, el trabajo que se hace con el texto, es exigente, es buscar el tono justo y probar hasta que suene como una melodía donde esté en armonía el trabajo del autor con el de uno, que es su intérprete. Siento que cuando leo en voz alta soy un puente entre el libro y el oyente y, en cambio, cuando cuento, lo soy entre el autor y el oyente.

Según tu experiencia, ¿de qué manera la narración motiva a los niños a leer?

Los motiva porque por medio del narrador descubren los tesoros que les puede ofrecer la lectura. De alguna manera es como si el narrador o lector les mostrara cómo se abre el cofre y les dejara disfrutar lo que contiene.

¿Cuál es la clave para llegar a los niños? ¿Y a los jóvenes?

Creo que la clave para llegar a todos es la pasión, la alegría con que se hace y la elección del cuento adecuado (para el narrador y el oyente, pues no  todos los cuentos son para todos los contadores ni para todos los públicos).

¿Cuál ha sido la mejor experiencia de tu carrera?

No sé si ha sido la mejor, pero sí la inolvidable: fue la primera vez que conté frente a un público numeroso. Eran aproximadamente 300 personas adultas, alumnos y académicos… ¡casi me muero del susto! Antes de la presentación no podía respirar de terror y después, aunque resultó muy bien y lo acogieron estupendo, tuve una jaqueca de dos días.

Elena-Garcia-Huidobro

Elena enumera 5 historias que no fallan a la hora del cuentacuentos:

 

La abuela electrónica de Silvia Schujer. Juvenil. Porque habla del amor humano, que no es reemplazable por la tecnología.

La bella Griselda de Isol. Juvenil. Porque con humor e ironía hace un retrato de la esclavitud a la que nos somete hoy en día la importancia de la imagen.

Los secretos del abuelo sapo de Keiko Kasza. Infantil. A los niños les encanta, tiene repetición, humor, sorpresa, suspenso y una relación muy rica abuelo-nieto.

El roto que engañó al diablo, folclórico. Desde los 10 años. El valor siempre vigente de los relatos tradicionales.

Epaminondas de Pepe Maestro e ilustraciones de Mariona Cabassa. Versión centroamericana del cuento El tonto Perico en Chile. Los niños disfrutan los errores de Epaminondas. Tiene absurdo, ternura, sorpresa, ritmo y reiteración.