Adiós a Elsa Isabel Bornemann

Elsa Isabel Bornemann (1952-2013) nació predestinada para escribir libros infantiles ya que fue hija de Blancanieves. Sí. Su madre era argentina descendiente de portugueses y españoles y se llamaba Blancanieves Fernández, y su padre  Henri Bornemann, quien llegó desde Alemania a Argentina a colocar una campana y un reloj en el Concejo Deliberante de Buenos Aires.

Por Manuel Peña Muñoz
Escritor, profesor y especialista en literatura infantil

Ilustraciones de José Reyes / www.flickr.com/photos/cosasdejose

Lamentablemente los sorprendió la revolución del año 1930 y los mecánicos relojeros se tuvieron que regresar, dejando al señor Bornemann para que cobrara, pero lo cierto es que pasó el tiempo y nunca regresó. Colocando un día un reloj en la famosa tienda de departamentos Harrods de Buenos Aires, vio salir a una mujer muy bella del brazo de una amiga. No sabía si aquella era una mujer real o un personaje de un cuento. Se acercó a ella y le preguntó su nombre. “Blancanieves”, le respondió. Desde entonces se amaron y se casaron como en los cuentos de hadas. De la unión nacieron tres hijas, la menor de las cuales fue Elsa Isabel, que nació en el Parque de los Patricios. Seguramente en su bautizo la visitó un hada de los buenos deseos que le concedió el don de escribir cuentos infantiles y juveniles.

A partir de la década del 70, teniendo apenas 20 años, empezó a publicarlos en libros. Luego siguió escribiendo poemas, novelas, canciones, ensayos, reseñas y guiones teatrales. Muchos de sus cuentos fueron traducidos al braille y también se grabaron en discos. Interesada en la poesía, publicó Poesía Infantil. Estudio y antología  y Antología del cuento infantil.

Sus obras rompen los estereotipos tradicionales y presentan temas para que los niños reflexionen y sean críticos del mundo que habitan. Son libros que tratan sobre la amistad, la injusticia, el miedo, la guerra, la desaparición, la muerte, la sátira a las historias de horror y la destrucción de los mitos.

Cercana al mundo oriental, por haber viajado a Japón, escribió un cuento conmovedor, Mil grullas, con el tema de la bomba atómica de Hiroshima y de cómo afectó la vida de dos adolescentes enamorados. Otro cuento lleno de ternura es ¿Por qué es tan hermoso el oficio de cartero? Son cuentos delicados, profundos, llenos de emoción… Todos ellos hablan el lenguaje de los afectos…

Junto con escribirlos, Elsa participó en congresos tanto en Argentina como en el extranjero, impartió talleres y cursos, difundió la literatura infantil, viajó por muchos países, recibió premios, inauguró en Argentina la moda de los libros infantiles de terror, escribió cuentos sobre los sentimientos amorosos de la infancia y fue una apasionada de la literatura, convencida de la felicidad que transmite la palabra escrita.

La conocimos en un encuentro sobre Pablo Neruda en el Palais de Glace en el barrio de La Recoleta de Buenos Aires, porque su obra estaba muy cerca de la poesía. Amable, sonriente y melancólica, dio su testimonio poético, sola en el escenario…

Catorce años más tarde, estábamos con otros escritores en la provincia de Misiones, participando en unas Jornadas de Literatura Infantil y Juvenil, cuando nos sorprendió la noticia de su fallecimiento. De inmediato compartimos recuerdos de cómo la conocimos y de cómo nos impresionaron sus libros… Hacía tiempo que no la veíamos. Se relacionaba muy poco con los otros escritores. Muy pocos sabían de ella. Tenía apenas 61 años. Sus libros quedan ahora con nosotros: Un elefante ocupa mucho espacio, Queridos monstruos, El libro de los chicos enamorados; la vida de Elsa Isabel latiendo en cada una de sus páginas…