El lado B del CILELIJ

Es muy difícil traspasar a otros lectores el ambiente de disfrute y aprendizaje existente durante algunas de las presentaciones.

Por Gabriela Pradenas Bobadilla
Presidenta del Colegio de Bibliotecarios de Chile

CILELIJ-com

Amparo Phillips / http://amparophillips.blogspot.com/

“El colegio invisible”, como nombraba un antiguo maestro de bibliotecología al clima social y de aprendizaje que se produce por detrás de la formalidad de los eventos académicos; la riqueza del contacto informal; las redes de intercambio de experiencias y aciertos; conocer de primera fuente lo que hay detrás de los números o del dato puesto en el contexto de las presentaciones, es lo que personalmente fui a buscar a este segundo CILELIJ.

Por supuesto, las ponencias estuvieron interesantes, algunas implicaron un maravilloso paseo por la literatura universal en conjunto con su autor y los debates abrieron el espacio para presentar puntos de vista diversos sobre un mismo aspecto, pero todo eso estará en la red a través de la publicación de las actas pertinentes.

Es muy difícil traspasar a otros lectores el ambiente de disfrute y aprendizaje existente durante algunas de las presentaciones. En ese sentido, lamento que los cupos no hayan sido muchos más, pues siento que el evento merecía ser apreciado personalmente por quienes se interesan en la LIJ.

Volvamos pues pues a mi primer punto de interés, este contacto especial y directo con los otros asistentes, del tipo que fueren: participantes, ponentes, organizadores, colaboradores de la organización, invitados. En particular, me interesaba el reencuentro con quienes participaron en el primer CILELIJ realizado en Chile, principalmente con los extranjeros que debieron quedarse mayor tiempo por lo sucedido el 27 F. Tres años después, la investigadora guatemalteca Frieda Morales contó que esas maravillosas antologías de folclore infantil realizadas por encargo del Ministerio de Educación, y cuyas maquetas llevó a Santiago en 2010, finalmente no fueron publicadas en su país por diversas razones políticas. Dijo que el gobierno tampoco cede los derechos para que se realice en el ámbito privado, lo que me provocó gran tristeza y una sensación infinita de pérdida para los niños que pudieron haber disfrutado de esos textos.

Por otra parte, disfruté el reencuentro con los promotores de lectura colombianos que se esfuerzan por el tema de la LIJ y que vienen desde los más diversos ámbitos privados y públicos, profesionales y amateur (me recuerdan a los “ciclistas escarabajos” por el esfuerzo, constancia, dedicación y vocación con que se dedican a dicha tarea).

También tuve la posibilidad, junto a un pequeño grupo de chilenas, de visitar algunas de las Bibliotecas Mayores en Bogotá, como Virgilio Barco, El Tunal y El Tintal, y espero sinceramente que nuestras bibliotecas regionales logren ese nivel de desarrollo y compromiso con sus lectores, cuantificados a través de sus metas de servicio: 1.500 nuevos socios mensuales, préstamos que alcanzan sobre los 500 mil anuales en comunidades que no superan los 200 mil habitantes, horarios de extensión adecuados a la posibilidad de que la comunidad asista a ellas, entre otras, me parecen iniciativas absolutamente replicables. Pero, por sobre todo, rescato el empoderamiento que la comunidad hace de dichos espacios, lo que solo se logra con un trabajo laborioso y el convencimiento de que las bibliotecas son espacios para todos, y de que sus acervos pueden contribuir sustantivamente a elevar la calidad de vida de forma integral en una comunidad.

Finalmente, para cerrar, un espacio de encuentro muy especial fue conocer a otros egresados del Máster LIJ de la UAB que se motivaron para participar en este evento, más de una veintena de alumnos(as) procedentes de diversos países y que pertenecían a distintas versiones del curso. Asistieron unidos por el interés y el amor a los libros y su permanente disfrute entre los niños y jóvenes de toda Iberoamérica. Pudimos conocernos y establecer lazos de comunicación para seguir unidos a través de la red, esperando reencontrarnos en México 2016 en la tercera versión del CILELIJ.